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miércoles, 24 de abril de 2013

En tierras de los Magiares... Budapest!

Así es, aprovechando que el 23 era San Jorge y aquí teníamos fiesta, planeamos una escapadita de 4 días a Budapest... ¡Y han sido 4 días aprovechados a tope! Que se lo digan a mis piernas, que ahora no quieren llevarme de tanto que han pateado estos últimos días. Pero sin duda ¡ha merecido la pena!

Budapest, atravesada por el Danubio, y hogar del Paprika y el Palinka (este último no llegamos a probarlo, pero tiene pinta de ser del estilo del orujo de hierbas o similar), del Goulash (lo probamos en nuestra primera comida) y de las estaciones de metro con escaleras interminables...

 
(Vistas desde lo alto del Monte Gellert)


 
(El Goulash, en su cazuelita, en el Restaurante Rustico en Vaci Utca)

 
(Impresiona! No se ve el final... Y aún así, en directo produce más vértigo!)

Nos hizo un tiempo estupendo, esperabamos fresquito y quizas lluvias (o eso decían los señores del tiempo), y nos salieron unos días de sol y calor en los que sobraba toda la ropa que habíamos llevado, más propia de otoño que de ese calor veraniego... Así que en manga corta y con los pantalones remangados (no se notaba, pasaban por piratas jejeje), empezamos a recorrer las calles de esta preciosa ciudad, con sus enormes palacetes con los que enseguida se ve cual fue su época dorada... Ya que si no estaban ocupados por museos o eran convertidos en edificios oficiales, muchos de ellos estaban abandonados y parecían casas encantadas...

Por la zona centro, encontramos calles dedicadas a los turistas como la Vaci Utca o la Avenida Andrassy, la Iglesia de San Esteban, y el impresionante edificio del Parlamento... El primer día pudimos verlo desde todos los ángulos, ya que nos subimos en un barco para pasear por el Danubio, paseo que duraba una hora y como no, tenía vistas sobre los principales monumentos de la ciudad, pasaba por debajo del puente de las cadenas, y rodeaba la Isla Margarita...

 

Nos dedicamos además a pasear, descubriendo un poco curiosidades de esta ciudad, como sus medios de transporte: el tranvía! Alguno nuevo, pero los que pasan por la zona turística y orillas del rio, para hacerlo más atractivo, conservan los antiguos...


 

Poco más hicimos el primer día, ya que trás toda la noche de viaje, el sol que nos había dado en la cabeza, y que al día siguiente tocaba madrugar mucho (Uno que se apuntó a la media maratón de Budapest...), ¡nos fuimos a dormir nada más cenar!

Segundo día... Primera parada, Isla Margarita... Mientras unos se dedicaban a correr por toda la ciudad, yo me di una vuelta por la isla ya que allí estaba la meta. Una isla en medio del Danubio de 2,5km de largura, un gran parque al que las familias van a pasear, hacer deporte, estar al aire libre y disfrutar de naturaleza sin salir de la ciudad...


 
(En esta ciudad también les encanta ir en bici a todos los lados...)

Y al terminar la carrera... A comer y a relajarse a los famosos Baños Szechenyi! Que estan en el otro parque de Budapest, el parque Varosliget, al que llaman Parque de la ciudad. Los baños constan de varias partes, interiores y exteriores, con agua caliente a diferentes temperaturas, medicinales, con saunas, y los consiguientes tratamientos que uno se quiera hacer. Nos pasamos cerca de 3 horas ahí metidos, de un estanque al otro, de una piscina a otra, en la terraza disfrutando del sol... ¡Una gozada! ¡No podíamos no ir a uno de los multiples balnearios que hay en la ciudad!

 
(La piscina exterior, reservada para nadar)

 

 
(Una de las piscinas interiores, esta en concreto a 36ºC, las había desde 18ºC hasta 40ºC...)

A la salida de los baños, ya totalmente relajados y descansados dimos un paseo por el parque, descubrimos el castillo de Vajdahunyad, que es sede del museo de la agricultura, y disfrutamos del atardecer con esas vistas...

 

Como se nos hizo tarde, volvimos con el metro (ya valía de andar, estabamos demasiado relajados jeje) y cenamos cerquita del hotel. Al día siguiente ¡tocaba día duro! Ya que nos dirigimos hacia las colinas del Monte Gellert y del castillo de Buda... Toda una caminata, porque subimos andando, ¡nada de autobuses turísticos! Empezamos por el Monte Gellert, llegamos hasta la impresionante estatua de la libertad y rodeamos la ciudadela, para poder ver las vistas sobre toda la ciudad...

(Estatua de la libertad en lo alto del Monte Gellert)


 (Vistas del castillo de Buda desde la ciudadela del Monte Gellert)

A la bajada del Monte Gellert, fuimos por la orilla del rio en dirección a la colina del castillo de Buda, pasando por el puente de las cadenas de nuevo, para ver el curioso funicular que lleva hasta arriba de la colina. Pero nosotros nos sentiamos con fuerzas, asi que ¡andado se ha dicho! Para no perdernos las vistas :) Y por fin, la recompensa, al llegar a lo alto, nos esperaba el imponente castillo de Buda, el que era el palacio real... ¡Y las vistas! Justo debajo, el puente de las cadenas, y en linea recta, la Iglesia de San Esteban.
 


 

Tras una pausa para comer (y para beber, sobre todo para beber! Con ese calor y esas subidas...), nos metimos en un lugar fresquito (y lo agradecimos), el Laberinto del Castillo. En un principio tenía mis dudas de si estaría abierto, ya que en muchos sitios lo indicaban como cerrado definitivamente... Supongo que habrán cerrado definitivamente algun ramal por no ser seguro para los turistas, pero parte permanece abierto. Se trata de un entramado de cavernas y tuneles que discurren por debajo del castillo, de diferentes épocas, y que tienen perfectamente ambientado...



 


¡No nos perdimos! Y a la salida nos dirigimos a lo alto del bastión de los pescadores, una construcción curiosa con vistas sobre el parlamento, junto a la Iglesia de Mattias, a disfrutar de las vistas, y porque no, ¡a hacernos alguna foto con ese decorado de fondo!


 
(Iglesia de Mattias)
 

 
(Bastión de los pescadores)




 



Y por la noche... fotos nocturnas a los principales lugares emblemáticos ;) Cenamos en una terraza en un restaurante con vistas al Parlamento, y nos dimos un paseo nocturno por las orillas del Danubio, pasando desde el Parlamento, por el puente de las cadenas, cruzando a la otra orilla para poder captar el castillo de Buda y el Bastión de los Pescadores... Así iluminado, ¡todo parece otra cosa!

 
(Parlamento de Budapest) 

 
(Puente de las Cadenas)
 

 
(Castillo de Buda)


 
(Bastión de los Pescadores e Iglesia de Mattias) 

Y así, cansados pero con estas vistas de recuerdo, nos fuimos a dormir...
Al día siguiente, día de la vuelta, solo teníamos la mañana para poder aprovechar... Fuimos a ver las cositas que nos habíamos dejado por ver, como la Sinagoga, la escultura de los Zapatos a la orilla del Danubio, conmemorativa de las masacres de los judíos de la segunda guerra mundial, El mercado central, y como no, un último paseo por la Vaci Utca en busca de algún pequeño recuerdo...

 
(Esculturas en bronce de zapatos, botas... a orillas del Danubio)

 
(Vaci Utca) 

 
(Puestos en el mercado central) 

 
(Pimientos y Paprikas secos, los usan en muchísimos platos como el Goulash)

Y aquí termina nuestro viaje... ¡Corto pero intenso!

viernes, 12 de abril de 2013

Una comida diferente... Falafels

La semana pasada se me ocurrió hacer esta receta para cenar, que ya había hecho alguna que otra vez, diferente a lo habitual, pero muy sana y muy sabrosa, como cualquier plato marroquí, con verduras y especias. Es muy fácil de hacer, y muy rápida!

Los falafels son a base de garbanzos, y es un plato completamente vegetariano, y se suele acompañar de una fresquita salsa de yogur.

 Ingredientes:

  • 300 g de Garbanzos crudos (a remojo desde el día anterior)
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 2 cucharas de perejil fresco
  • 1 cuchara de cilantro
  • 2 cucharitas de comino molido
  • 1 cucharita de levadura química
  • Sal
  • Pimienta negra
Nota: los garbanzos tienen que ser crudos, sino no resulta bien la masa, y tienen que estar bien hidratados, por lo que lo mejor es tenerlos 24h en agua antes de preparar los falafels.


 
Para la salsa de yogur:
  • 1 yogur natural
  • 1 ajo rallado
  • menta seca
  • 1 chorrito de limón
  • 1 chorrito de aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta negra


Preparación:

Triturar bien los garbanzos escurridos y apartar en un bol.
 

Triturar la cebolla con el ajo, el perejil, el cilantro, el comino, la levadura, la sal y la pimienta, quedará una masa liquida de color verde.
 

Mezclar todo con una cuchara de madera hasta que quede una masa homogenea.



Cubrir y meter en la nevera 1 hora. Esto es para que se intensifiquen los sabores y termine de escurrirse el agua, si está muy líquido, no formaremos bien los falafels, se nos desharan al freirlos!
 

Mientras podemos ir preparando la salsa de yogur, no hay nada más fácil! Machacamos en un mortero un poco de menta seca, la mezclamos con el resto de los ingredientes (yogur, aceite, zumo de limón, ajo, sal y pimienta) y la reservamos en la nevera para que se enfrie bien...

Pasada la hora, sacar de la nevera y dar forma a los falafels: coger porciones de masa con las manos mojadas (lo correspondiente al tamaño de una nuez), apretar en la mano para escurrir (así quitamos el exceso de agua que queda en la masa, no hace falta apretar demasiado fuerte), dar forma de bola y aplanar por 2 lados.





Freir en el fuego muy caliente hasta que esten dorados. Este punto puede sustituirse por un horneado, en lugar de freirlos, calentamos el horno a 200ºC, los pintamos por ambos lados con aceite de oliva, los ponemos en una bandeja de horno forrada con papel de horno o papel de aluminio, y los dejamos que se doren. 
Yo prefiero freirlos, ¡quedan más ricos y jugositos!
 

Los escurrimos con papel absorbente y los servimos bien calientes con la salsa de yogur muy fria.



Podemos tomarlos así, como si fueran croquetas, mojandolos en la salsa de yogur, o bien comerlos envueltos en pan de pita (o el que tengais a mano, yo el otro día tenía unas tortitas mejicanas de maiz!), lo rellenais con los falafels, la salsa de yogur, lechuga, tomate, cebolla... ¡Lo que se os ocurra!

¡Espero que os gusten! Son un bocado sorprendente y riquísimo, para variar un poquito de nuestras comidas habituales ;)

miércoles, 10 de abril de 2013

Escapada de fin de semana... Logroño :)

El fin de semana pasado hicimos una pequeña escapada que llevabamos meses esperando, que entre cosas y otras se fue retrasando: Logroño! Lo teníamos pendiente desde que picamos en una de esas ofertas que salen en las páginas de cupones: una noche en un hotel centrico con visita a unas bodegas. Tenía muchas ganas ya que nunca había estado en una bodega de La Rioja!

No tuvimos mucha suerte, nos salió un fin de semana lluvioso, pero aprovechamos todo lo que pudimos...

El viernes antes de llegar a Logroño, paramos en un pueblecito justo al lado, pero que se situa en Navarra, Viana, uno de los pueblos de paso en el camino de Santiago. Callejuelas, ruinas, iglesias... Pequeñito pero con encanto! Y aprovechamos que la lluvia daba un respiro que no iba a durar demasiado...





Siguiente parada... Logroño... Y desde la noche del viernes incluyendo la mayor parte del sábado, no paro de llover... no nos quedó más opción que comenzar nuestra ruta gastronómica por la calle del Laurel! Para que engañarnos... ibamos a lo que ibamos! Algun que otro paseo por la ciudad, entre los 2 puentes (el de hierro y el de piedra, para no crear confusión, no se si tendrán otro nombre...)

 
 Como digo, gastronómico... Nos dedicamos a probar el mayor número de tapas posibles, a cualquier hora, para cenar, de vermut, de nuevo para cenar... con sus correspondientes vinitos de la tierra!  Yo quiero una calle del Laurel para mi sola aquí en Zaragoza!!


Aquí pongo una pequeña muestra (Quejas, Rotos, Entrecot, Timbales y Tortilla en la foto de arriba, Foie, Solomillo, Queso de Cabra, Rocher de morcilla, Torrecilla de jamón, patata y queso, Anchoas con queso en la de debajo)
 


Hubo muchas más... ¡nos cundió bastante! Y que decir de los precios... No conseguiamos gastar en bote que pusimos ni queriendo... 

Y todo esto junto con un centro de ciudad peatonal, muy cuidado, limpio, que conserva todo su encanto (a nadie se le ha ocurrido poner aberraciones en medio de ese marco, ni edificios incongruentes...).



(Una muestra de los barriles que bordeaban las calles de toda la zona de tapeo del centro, algunos decorados, otros como todos los conocemos)

 Y el domingo, último día de esta escapadita, se despejó, por lo que aprovechamos antes de ir a la visita de las bodegas para dar un paseo por la ciudad, paseo por el barrio del centro (esta vez evitando la calle del Laurel), por sus calles, plazas, la ribera del Ebro...


(Con este mural nos sentimos muy identificados... )

(el Ebro permanece muy crecido, este año toca aguantar...)

A las 12 teníamos la visita a las bodegas Franco-Españolas, que están en la otra orilla del río, nada más cruzar el puente de hierro.



Duró la visita una hora, pudimos ver toda la bodega y degustar uno de sus vinos, aunque durante el transcurso echamos de menos un poquito más de explicación sobre la elaboración, diferencias de los vinos... Pero no estuvo mal, el guía estaba claro que sabía de lo que hablaba, y el vino estaba bueno (a pesar de que alguna entendida que había allí dijera: "el primer trago no me ha gustado, después ya si, será por eso de la oxigenación que dicen..." Hay de todo por todo!!)


En resumen, lo pasamos genial, comimos mucho, bebimos moderadamente (si... nos portamos bien!) y solo me quedan las ganas de volver a no mucho tardar!

Salud!

(Mi cara de felicidad lo dice todo, con mis rotos y mi copita de Rioja...)